viernes, 10 de julio de 2020

No sé bien cuánto duró ese amor que se nos apareció a los dos cuando hacía frío de agosto en el corazón y nos llovía un poco, a veces, el alma. Hicimos un esfuerzo agotador para que no hubiera un sentimiento que después nos llevara a extrañarnos, pero sí. Tal vez sólo am, así sin or. Pero se sentía bien, se sentía a palabra y sentimiento completo.

Tres o cuatro noches y una tarde de siesta. Las sábanas limpias, el aire liviano, el sol o la luna colándose por entre las hendijas de la persiana que daba al norte. Los ruidos del norte entraban también y daban un poco de miedo, pero nos abrazábamos fuerte y apretábamos los labios para que no nos encontraran en esa cama inmensa de náufragos que siempre, más tarde nos escupía a esos puertos predecibles a los que solemos arribar a diario y muchas veces con casi nada de sentido, la mayoría de los mortales.

Vos tan magia, yo no sé tan qué.

Ya se viene otro agosto y es como si nunca hubiera vuelto el verano en el medio.

 


 Vivir los días es tomar decisiones todo el tiempo. decisiones para uno mismo, para los demás también. No hay una "universidad de elegi...