Los de al lado se mudan de a poco, como quien no tiene
muchas ganas de abandonar el viejo sitio. Lo sé porque llevan más de cuatro
meses acarreando bártulos en un auto todo desvencijado por el que asoman cajas,
patas de camas, cintos, envases viejos de Ponds, medias, libros y tapas de
botellas de aceite entre otras cosas.
No sé lo que es vivir en dos lugares a la vez, a medias y en
permanente traslado. Sin embargo, por lo que infiero, a esta gente no se la ve
incómoda, ni apurada, ni acarreando esa angustia e incomodidad que genera
cualquier mudanza en las personas en general.
Vinieron a la casa de al lado un Sábado a la tarde, día en
que suele mudarse la gente en este planeta…o en esta ciudad. Esto sí es una
certeza, se ven camiones y camionetas todo el tiempo por las calles mudando
casas. Y también es una certeza, que casi siempre, para estos trámites, una
lluvia cae inevitable dificultando un poco más la cosa.
Comenzaron un Sábado de Marzo y llovía un poco, también.
Las cortinas de la casa que los albergaría flameaban
pendiendo de los caños oxidados, doblados; los hules de las mesas que la
antigua moradora había dispuesto allí décadas antes, permanecían duros,
desteñidos, marcados por cuchillos, pinchazos, con agujeros negros producto de
algún cigarrillo deslizado del cenicero, y puedo aseverar, que también tendrían
olor a azufre esos manteles asquerosos, capaz pegoteados.
Una lona puesta para atajar la molesta resolana de las
tardes de verano, permanecía atrapada en las sogas de tendido del patio, sitio donde
también había platitos de plástico llenos de agua sucia, medias y bombachas
enterradas a medias en la tierra seca de los canteros áridos, pedazos de
jaboneta ya amarilla y cuarteada en la vieja pileta de cemento, pelos, ganchos
y la cabeza de una muñeca negra ya sin cabello y con la cara embarrada.
Los nuevos pusieron sobre este paisaje parte de sus cosas.
Una nena que viene juega con la muñeca rota.
Los padres acarrean las cajas y las van dejando esparcidas,
sin abrir, contra los zócalos. Se sientan en la tarde frente a la televisión,
comen, duermen y se siguen mudando dos o tres horas cada día.