viernes, 5 de junio de 2020

Cortázar modo DIY

No iba a ser sencillo vivir, pero a los raros nos enseñaron a soñar fuerte, como para no morir temprano, un poco, diariamente.

Hubo un momento donde supe que debería ponerme el traje de “superhéroa” o no saldría con vida. Fue una noche en que mamá me acostó a su lado, me tapó hasta los ojos y tomó un libro de los que tenía en la mesa de luz bajo la lámpara: “Cartas a una señorita en París”…y arrancó, como quien va a leer una maravilla, o mejor, como quien te va a regalar el mundo, pero del lado lindo.

“Todo parece tan natural como siempre que no se sabe la verdad”, leyó apuntando con el dedo índice al techo y mirándome de costado con un solo ojo, como una sentencia…y siguió vomitando conejos rosados por arriba de las sábanas y a las paredes.


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