miércoles, 3 de junio de 2020

Homeschooling. Chapter 2.

Seño, te juro qué no sé qué estoy haciendo a veces…es más, no tengo idea del día que es, de la hora o de la estación del año que transcurre.

Hago las cosas para que vos me pongas un MB, mami no me rete y Fernández no me amenace por vez número veinte con que los vagos no vamos a pasar (aunque esté pensando en hacer pasar a los repitentes, pero bue, ponele).

Ayer teníamos que estudiar con mami un poco sobre las capas de la tierra, vos mandaste unos videos de Paka Paka (que son aburridos, seño) y mami y yo  los veíamos sentados en la cocina sin decirnos nada, mirándonos de vez en cuando a los ojos con ganas de llorar. Es que tenemos muchas ganas de llorar a veces no porque nos duela algo, sino porque no sabemos “qué estamos haciendo a veces”)…entonces, como te decía, a mami se le mojan los ojos y la boca se le hace chiquita y a mí se me mojan los ojos no más, pero también me empieza a doler la panza.

El otro día también me dieron ganas de llorar, pero esas que te vienen como cuando tenés ganas de comerte un helado y tus papás no te llevan, bueno así, como de bronca. Es que yo estaba tratando de concentrarme con algo que nadie pudo ni supo ni intentó explicarme en esta casa, entonces cuando yo sentí que iba a poder solo, bueno, justo vino Chechi (la mamá ese día le había flexibilizado la cuarentena), y ya tocó timbre, ladró la perra, lo hice entrar al Chechi, y bueno, ya entré en ese momento de mierda por llamarlo de alguna manera, tal vez me entiendas, tal vez no, pero es un momento de mierda porque optás por lo más lindo después de estar encerrado 60 días, y lo más lindo no es vivir en modo automático copiando, pegando y subiendo fotos para que te claven un muy bueno.

Es también un momento de mierda porque seguro vos pensás como yo, y no lo podés decir. A mami le pasa, a veces para no pelear le dice a papá “está bien”, y ya estamos todos comiendo un asado en el patio y escuchando música fuerte, o algo así.

Vos estás trabajando cuarenta veces más que antes, yo estoy trabajando cuarenta horas menos, pero bueno, tratando de robarle alguna tajada productiva a este año (la actividad de los volcanes estuvo buena así que seguro la recordaré de viejo, en serio).

Te juro que no sé qué estoy haciendo a veces. Sé que lo mejor que me sale la mayoría del tiempo. Pero soy chico. Y a veces soy un pedazo de tela liviano sacudiéndose con los vientos de lo inesperado, pero otras no. Otras sólo espero que venga el Chuchi, me toque el timbre y que el viento inesperado se lleve volando mis hojas.


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