Seño, te juro qué no sé qué estoy
haciendo a veces…es más, no tengo idea del día que es, de la hora o de la estación
del año que transcurre.
Hago las cosas para que vos me pongas un MB, mami no me rete
y Fernández no me amenace por vez número veinte con que los vagos no vamos a
pasar (aunque esté pensando en hacer pasar a los repitentes, pero bue, ponele).
Ayer teníamos que estudiar con
mami un poco sobre las capas de la tierra, vos mandaste unos videos de Paka
Paka (que son aburridos, seño) y mami y yo los veíamos sentados en la cocina sin decirnos
nada, mirándonos de vez en cuando a los ojos con ganas de llorar. Es que
tenemos muchas ganas de llorar a veces no porque nos duela algo, sino porque no
sabemos “qué estamos haciendo a veces”)…entonces, como te decía, a mami se le
mojan los ojos y la boca se le hace chiquita y a mí se me mojan los ojos no
más, pero también me empieza a doler la panza.
El otro día también me dieron
ganas de llorar, pero esas que te vienen como cuando tenés ganas de comerte un
helado y tus papás no te llevan, bueno así, como de bronca. Es que yo estaba
tratando de concentrarme con algo que nadie pudo ni supo ni intentó explicarme
en esta casa, entonces cuando yo sentí que iba a poder solo, bueno, justo vino
Chechi (la mamá ese día le había flexibilizado la cuarentena), y ya tocó
timbre, ladró la perra, lo hice entrar al Chechi, y bueno, ya entré en ese
momento de mierda por llamarlo de alguna manera, tal vez me entiendas, tal vez
no, pero es un momento de mierda porque optás por lo más lindo después de estar
encerrado 60 días, y lo más lindo no es vivir en modo automático copiando,
pegando y subiendo fotos para que te claven un muy bueno.
Es también un momento de mierda
porque seguro vos pensás como yo, y no lo podés decir. A mami le pasa, a veces
para no pelear le dice a papá “está bien”, y ya estamos todos comiendo un asado
en el patio y escuchando música fuerte, o algo así.
Vos estás trabajando cuarenta
veces más que antes, yo estoy trabajando cuarenta horas menos, pero bueno,
tratando de robarle alguna tajada productiva a este año (la actividad de los
volcanes estuvo buena así que seguro la recordaré de viejo, en serio).
Te juro que no sé qué estoy
haciendo a veces. Sé que lo mejor que me sale la mayoría del tiempo. Pero soy
chico. Y a veces soy un pedazo de tela liviano sacudiéndose con los vientos de
lo inesperado, pero otras no. Otras sólo espero que venga el Chuchi, me toque
el timbre y que el viento inesperado se lleve volando mis hojas.
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